Vidal i Verdu Correduría de Seguros
← Volver al blog

Seguro de hogar: qué cubre y qué no (y cómo evitar sorpresas)

Foto de Miquel Vidal Verdu

Por Miquel Vidal Verdu · Corredor de seguros, 18 años en la correduría

Revisado por Jose Ramon Vidal Catala, gerente y corredor de seguros

·

Un seguro de hogar barato que no cubre lo que necesitas no es un ahorro, es un riesgo aplazado. Y como es de esos productos que se contratan una vez y no se vuelven a mirar, mucha gente descubre lo que tenía firmado el día que le hace falta. Esto es lo esencial para no llevarte esa sorpresa.

Continente y contenido no son lo mismo

El continente es la vivienda en sí: paredes, suelos, techos, instalaciones. Lo que quedaría si pusieras la casa boca abajo y la sacudieras. El contenido es todo lo que caería: muebles, electrodomésticos, ropa, aparatos.

Muchas pólizas básicas aseguran bien uno y se quedan cortas en el otro. Si vives de alquiler normalmente solo necesitas contenido, porque el continente es cosa del propietario. Si la casa es tuya, necesitas los dos.

El infraseguro: la letra pequeña que más dinero cuesta

Esta es la que más disgustos da y la que casi nadie conoce. Si declaras un capital menor del que realmente vale lo asegurado, la aseguradora puede aplicar la regla proporcional: indemniza en la misma proporción en la que estabas asegurado.

Dicho en claro: si tu contenido vale 40.000 € y lo declaraste por 20.000 €, ante un daño de 4.000 € puedes cobrar la mitad. No porque nadie te engañe, sino porque es como funciona el contrato. Por eso conviene revisar los capitales cada cierto tiempo, sobre todo si has reformado o has cambiado muebles y electrodomésticos: una casa asegurada hace quince años casi nunca tiene los capitales al día.

Lo que más vemos por aquí

Después de más de treinta años tramitando siniestros en Castalla, Onil, Ibi, Tibi y Biar, hay cuatro que se repiten mucho más que el resto, y conviene mirarlos con lupa en la póliza antes de firmar.

El robo en casas de campo. En una comarca con mucha vivienda diseminada y segundas residencias, es el siniestro que más sustos da. Aquí importa el capital de contenido, los límites para joyas y objetos de valor, y sobre todo las condiciones de desocupación: muchas pólizas cambian la cobertura de robo cuando la casa pasa un tiempo vacía.

Los daños por agua. Es el parte más frecuente en cualquier hogar español, pero por aquí lo es todavía más por la dureza del agua: la cal castiga las instalaciones y las averías aparecen antes. Mira si tu póliza cubre solo el daño o también la localización y reparación de la avería, porque hay pólizas que te pagan el parqué estropeado pero no picar la pared para llegar a la tubería.

Los daños eléctricos por subidas y bajadas de tensión de la red pública. Un pico de tensión se lleva por delante electrodomésticos, la televisión o la caldera de una vez. Comprueba que tienes cubiertos los daños eléctricos y con qué límite, porque en muchas pólizas básicas se queda corto.

Los fenómenos meteorológicos, sobre todo viento y granizo. Persianas, toldos, tejados y placas. Suelen estar cubiertos, pero con un umbral de velocidad de viento o unas exclusiones que conviene leer antes y no después.

Daños a un vecino: la responsabilidad civil

Con los daños por agua hay que mirar dos cosas distintas: si cubre el daño que sufres tú y si cubre el que puedas causar al vecino de abajo. Esa segunda parte va por la responsabilidad civil de la póliza, y es la que evita que un escape acabe en un conflicto de escalera con mal final.

Asistencia de urgencia: lo que más se usa

Un cerrajero un domingo por la noche, un fontanero cuando revienta una tubería, un electricista cuando se queda sin luz media casa. Es la cobertura que más veces se usa en la vida real de una póliza y la que menos se mira al contratar. Comprueba si viene incluida y si tiene límite de usos al año.

Primera vivienda o segunda residencia: díselo tal cual es

Las condiciones cambian bastante según si la casa está ocupada todo el año o se usa en verano y puentes, sobre todo en robo. Declara siempre el uso real: es la diferencia entre tener cobertura y creer que la tienes.

Si quieres que revisemos tu póliza actual y te digamos qué te falta y qué te sobra, pásate por la oficina o escríbenos. Sin compromiso.