Seguro de vida: cuánto cuesta y por qué te sube cada año

Por Miquel Vidal Verdu · Corredor de seguros, 18 años en la correduría
Revisado por Jose Ramon Vidal Catala, gerente y corredor de seguros
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Casi nadie contrata un seguro de vida por gusto: se contrata porque llega la hipoteca, porque nace un hijo o porque un susto ajeno te hace pensar. Y como se firma deprisa, casi nadie mira dos cosas que luego pesan mucho: de qué depende el precio y si esa prima va a seguir siendo la misma dentro de diez años.
De qué depende lo que pagas
El precio de un seguro de vida no sale de una tabla general: se calcula para ti. Pesan la edad —el factor más determinante—, el estado de salud que declares en el cuestionario, si fumas, el capital que quieras asegurar, tu profesión si tiene riesgo, y las coberturas que añadas además del fallecimiento, sobre todo la invalidez.
De todos ellos el que más manda es la edad, y por eso la misma póliza puede costar cifras muy distintas según cuándo la contrates. Contratar a los treinta y pocos sale sensiblemente más barato que a los cincuenta, y esa diferencia se arrastra durante toda la vida del contrato.
Prima anual renovable o prima constante: la pregunta que casi nadie hace
Aquí está el punto que más sorpresas da, y el que explica la mayoría de llamadas que recibimos en la oficina cuando alguien abre su recibo.
En una póliza de prima anual renovable el precio se recalcula cada año con tu nueva edad. Empiezas pagando poco y la cuota va subiendo, despacio al principio y con más fuerza a partir de cierta edad. Es la modalidad más habitual y la que suele salir en los comparadores, porque es la que mejor pinta el primer año.
En una póliza de prima nivelada o constante se calcula una cuota media para todo el periodo y esa es la que pagas siempre. El primer año pagas más que en la anterior; a cambio, sabes lo que te va a costar dentro de quince.
Ninguna de las dos es mejor en abstracto: depende de cuánto tiempo vayas a mantener la póliza. Si el seguro cubre una hipoteca a veinte años, la prima constante suele compensar. Si es una necesidad puntual de unos pocos años, la renovable sale mejor. Lo que no tiene sentido es firmar sin saber cuál de las dos te han puesto delante.
Si es para la hipoteca, no estás obligado a contratarlo con el banco
Cuando el seguro de vida va ligado a una hipoteca conviene saber una cosa: la ley de contratos de crédito inmobiliario prohíbe al banco obligarte a contratar el seguro con él. Puede exigirte que tengas un seguro de vida y puede exigir unas coberturas mínimas, pero tiene que aceptar cualquier póliza alternativa que cumpla condiciones equivalentes, y no puede empeorarte las condiciones del préstamo por llevarla de fuera.
Y el margen no es pequeño. Comparando la póliza del banco con la misma cobertura en una compañía especializada en el ramo de vida, el ahorro puede llegar holgadamente a la mitad de la prima. Es de las revisiones que más satisfacciones dan, porque el dinero que se recupera es todos los años, no una vez.
¿Y cuánto capital?
El precio depende del capital, así que la pregunta va unida a la anterior. Una forma sencilla de aterrizarlo: suma lo que quedaría pendiente de hipoteca, los gastos fijos de tu casa durante los años que tu familia necesitaría para reorganizarse, y lo que costaría mantener los estudios de los hijos si los hay. De ese total, resta el ahorro del que ya dispongas.
No es una fórmula exacta ni pretende serlo: es un punto de partida razonable para no ir ni corto ni sobrado. Asegurar de más es pagar por algo que no necesitas; asegurar de menos deja el problema a medias justo cuando importa.
El cuestionario de salud: no ocultes nada
El cuestionario de salud no es un trámite. Es la base sobre la que la aseguradora acepta el riesgo, y ocultar algo relevante puede costar que no se pague la prestación el día que haga falta, que es exactamente cuando ya no tiene arreglo.
Si tienes cualquier patología previa, decláralo. Te lo recomendamos encarecidamente, y no por prudencia formal: porque es lo que nos permite trabajar. Con esa información buscamos entre las muchas compañías con las que trabajamos cuál acepta tu caso y con qué capital máximo, en vez de firmar a ciegas una póliza que podría no responder. Una patología declarada casi siempre tiene solución en alguna compañía; una ocultada no tiene ninguna.
El propio cuestionario cambia bastante según el capital que quieras asegurar: para capitales moderados suelen bastar las preguntas habituales —si fumas, si bebes, tu historial básico—, y a partir de cierto nivel la compañía pide pruebas médicas. Saber de antemano por dónde va a ir cada compañía es parte de nuestro trabajo.
Qué ganas revisándolo con una correduría
El seguro de vida es de los productos donde más varían las condiciones entre compañías para un mismo perfil: cada una pondera distinto la edad, la salud y la profesión. Comparar varias no es solo mirar la cuota del primer año, sino ver qué modalidad de prima llevas, qué exclusiones tiene la póliza y qué pasa cuando cumplas años.
Si quieres que le echemos un vistazo a la tuya, pásate por la oficina en Castalla o escríbenos. La comparativa es gratis y sin compromiso.
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